Garadar & Aribeth de Tylmarande

Mi nombre es Garadar de Tylmarande, paladin de Torm, ella es mi hermana Aribeth, clériga de Torm, y ésta es nuestra historia.
Nacidos en un pequeño pueblo ubicado en las cercanías de Silverymoon, somos descendientes lejanos de una raza de criaturas celestiales. Gracias a ello compartimos ciertos rasgos físicos que nos separan del resto de las razas del mundo. Nuestra madre una simple mujer humana, dedicó su vida entera a cuidar de su marido, su hogar, y posteriormente sus hijos. Nuestro padre, un héroe de guerra que al momento de nuestro nacimiento se ganaba la vida como guardia del pueblo. Ambos nos criaron como una familia ejemplar, y desde pequeños nos inculcaron valores como la honestidad, la justicia y la humildad. Nuestros padres siempre nos dieron todo lo necesario, excepto respuestas a algunas preguntas, sobre todo las relacionadas con nuestros ancestros. Ellos no poseían ningún rasgo distintivo, y siempre nos extrañó ese hecho, pero en aquél entonces no podíamos hacer otra cosa más que callar.

Cuando éramos nada más que unos niños, y observando el trato que recibíamos del resto de los habitantes del pueblo, nuestra madre decidió mudarse a la ciudad, donde la seguridad de las murallas nos permitiría a todos llevar una vida más tranquila. Así fué que nos trasladamos a la majestuosa ciudad de Silverymoon, la gema del norte. Entre la inmensa cantidad de habitantes, no fué difícil pasar desapercibidos, y con mi hermana como única compañera de juegos, lentamente abandonamos la niñez y comenzamos nuestros estudios.

Siguiendo el camino de mi padre, por el cual sentía una completa admiración, comencé a estudiar el arte del combate. Por el contrario, Aribeth dedicó sus años de adolescencia al estudio de los dioses, la religión, la magia divina y el arte de sanar. Yo crecí escuchando sus fantásticas historias sobre dioses, épicas batallas contra los males primitivos del mundo, historias de justicia, coraje y nobleza. En aquel entonces, ella ya había elegido seguir el camino de Torm el Verdadero, dios de la lealtad, la obediencia, y el deber. De a poco comencé a interesarme por su filosofía y estilo de vida, al punto de desear servirle y tener la oportunidad de ejecutar su voluntad. Gracias a mi estricto entrenamiento militar, no me fué difícil conseguir un puesto como escudero de un gran paladín de la ciudad al servicio de Torm llamado Eben the Lightbringer. Por supuesto continué mi entrenamiento en combate, además de ser instruido por la iglesia de Torm, en todo lo relevante a religión y en particular a esta deidad.

Durante algunos años, viajé por los alrededores de Silverymoon acompañando a Eben en las misiones menos críticas. Aprendí muchísimo de este respetado paladín, y me convertí en su compañero de viaje. Cuando yo apenas había sobrepasado la veintena de años, Eben finalmente abandonó la aventura y se asentó en la ciudad como instructor de jóvenes guerreros y me encontré abruptamente sin rumbo. Decidí volver a Silverymoon y allí me reencontré con mis padres y con Aribeth. Ella ya había completado sus estudios, portaba ahora las níveas túnicas características de los clérigos de Torm y poseía su propio símbolo sagrado, un anillo de plata con el símbolo sagrado del dios grabado en su exterior. En ese momento, al verla reluciente, me sentí preparado para iniciarme en la orden de paladines al servicio de Torm, y me dispuse a realizar el juramento sobre el código de conducta. Luego de una corta pero significativa ceremonia, en la cual los miembros superiores de la iglesia me aceptaban en sus filas, fui contactado directamente por Torm, quien me dió su bendición y bienvenida a la orden. Como parte del rito de iniciación, la iglesia me obsequió un medallón con el símbolo de Torm, y un escudo, también adornado con el símbolo sagrado, posesiones que llevo conmigo hasta el día de hoy.

Pocos años después de ocurridos estos hechos, decidimos con Aribeth que la vida en la ciudad ya no era para nosotros. Luego de algunas semanas de discusiones y planificación, decidimos abandonar por fin la seguridad de Silverymoon, y tomar otros rumbos, siempre fieles a la palabra de Torm, y decididos a hacer el bien en el mundo.
Luego de una emotiva despedida de nuestros padres, marchamos rumbo al oeste, con destino a la ciudad de Neverwinter, en la costa de la espada, de la cual solamente habíamos escuchado historias. Lo que nos deparó el largo viaje, forma parte de otra historia...

5 comentarios:

Thorn Badmood dijo...

Ahrrrr... SALUD mis jóvenes amigos!!! Les invito unos tragos por mi cuenta!!! Arrimense al fuego para poder conversar un poco y compartir historias!
Así que vivieron gran parte de sus vidas en Silverymoon, yo recuerdo cuando iba con mi padre a comerciar minerales desde Mithrall hall, que tiempos aquellos!!
Espero podamos unir fuerzas para descubrir que es lo que está pasando con nuestras ciudades autóctonas, ya que nuestros familiares se encuentran en peligro.
Pero eso será para mas adelante, ahora bebamos y comamos, ya que mañana no sabremos si estaremos vivos para contarlo, SALUD!!!
Thorn Badmood

Galanodel dijo...

Muy interesante historia y que bueno el dibujo!!! que manejo de las artes y que bien trabajado en photoshop que está con luces y estilo de acuarela, digno de un paladin y una cleriga de Torm

Thorn Badmood dijo...

Maldito adulador del bien... moriras cual peón del Tyr y Torm, a fin de cuentas, el mal no siempre pierde BUHUHAHAHAHA.

Thorn Badmood dijo...

Cuida tu boca mago de medio pelo!!! o te haré tragar esas tunicas rotosas que tienes!!! Tu y tus seguidores caeran frente al resplandor del filo de mi hacha si no abandonan de inmediato esta taberna!!! URHMFFFFFF

Teko dijo...

Holaaaaaaaaa, enfermeraaaaaaa... o clérigaaaaaa.